Jean-René Etchegaray. Presidente de la Comunidad de Aglomeración del País Vasco
Como el resto de los participantes en Aiete, conservo el recuerdo de un momento marcado por una gran solemnidad. Solemnidad perfectamente encarnada por la personalidad de Koffi Annan que presidió esta conferencia internacional en presencia de otras figuras eminentes.
La hoja de ruta de Aiete iba dirigida hacia una paz justa y duradera en el País Vasco, con la ambición de poner fin al último conflicto armado de Europa. Esta cita, fundamentada en una jurisprudencia internacional en materia de resolución de conflictos, permitió a cada cual apoyarse en sólidas. Y hubo, sin duda alguna, un antes y un después de Aiete.
Esperábamos, sin embargo, resultados más rápidos, pasos más importantes. El primer punto de la declaración de Aiete preconizaba el alto el fuego definitivo de ETA.
Tres días después, la organización anunciaba el fin irreversible de la lucha armada.
Tras esta primera etapa, la declaración de Aiete animaba a los Estados a abrir un diálogo, a comprometerse en el proceso de paz. Pero no fue así, porque los Estados no reconocieron a Aiete como un acto diplomático. Una situación paradójica donde las haya, pues no cesaban de exigir el desarme y la disolución de la organización.
Fue finalmente la operación de Luhuso, el 16 de diciembre de 2016, la que produjo la chispa necesaria, gracias a unos «artesanos de la paz» que demostraron su conciencia ciudadana en consonancia con sus compromisos pacifistas. Esta operación hizo del modelo vasco un modelo singular de desarme en el que los electos locales retomaron el testigo hombro con hombro junto a la sociedad civil.
La jornada del desarme celebrada el 8 de abril de 2017 en Baiona, en presencia de una multitud inmensa y silenciosa, fue posible gracias a un encuentro decisivo con Bernard Cazeneuve, el primer ministro francés de aquel entonces.
Antiguo abogado, su deseo fue que el desarme se planteara en el marco del Estado de derecho. Algo que fue posible a través de la entrega de las coordenadas GPS de los zulos a Samuel Vuelta Simon, Fiscal de la República de Baiona y antiguo magistrado que ejerció de enlace con Madrid. Entre Luhuso y el 8 de abril, un hecho importante ocurrió en el País Vasco. Se creó la Comunidad de Aglomeración, institución que tengo aun hoy día el honor de presidir. Era indispensable que esta institución pudiera evolucionar sobre bases sanas. De hecho, la cuestión de la paz estaba presente implícitamente en nuestros trabajos y las mociones aprobadas en ese sentido lo fueron por unanimidad.
Actualmente, el Estado francés ya no está ausente del proceso de paz en el País Vasco. Es cierto que no retoma la semántica, tal y como hacen de hecho otras organizaciones y partidos de País Vaco del sur. Pero estoy convencido de que lo esencial no está en ahí. Defiendo en este caso una aproximación pragmática: sanar los males antes que las palabras.
Sabemos que las crispaciones ya no son tan importantes en el sur; he podido dialogar al respecto con Iñigo Urkullu, Lehendakari del Gobierno Vasco. De hechos es por ello por lo que nos pareció importante actuar, a nuestro nivel. No se trata de legitimar la violencia, sino de abrir la vía de la convivencia, de obrar en el trabajo de memoria, una memoria colectiva que, aunque no común, se la debemos tanto a nuestros hijos como a nuestros mayores.
Desde hace 10 años, nuestro compromiso no se debilita, muy al contrario. Desde movilizaciones a reuniones en la cumbre del Estado, exigimos que el movimiento a favor de los presos se acelere, que el Derecho, y únicamente el derecho, se ejerza de manera serena como respuesta al silencio de las armas y a la disolución de ETA. Se han dado avances significativos en la materia de acercamiento, decisiones de justicia aún muy recientes van en la dirección correcta. Pero esto es claramente insuficiente, vamos a estar ahí para repetirlo y actuar incansablemente. Esta cuestión es una prioridad de mi agenda política y claramente creo que actuar en ese sentido es nuestra responsabilidad como electos.
Hay que recordar igualmente que nuestra movilización a favor de los presos no elude en absoluto la cuestión de las víctimas. Sin caer en el engaño de ciertas utilizaciones, abordar este tema es esencial. Era ése el sentido de la declaración de Aiete, fue también el sentido de mis encuentros con las diferentes asociaciones. Actuar juntos, por el bien de todos.