Algunas reflexiones con motivo del 10º aniversario de la Conferencia de Paz de Aiete

Pello Urizar

Antes de nada, debo afirmar que la Conferencia de Paz de Donostia-San Sebastián (en adelante Conferencia de Aiete) y lo realizado antes y después de esa conferencia, en mi opinión, han tenido un valor enorme a la hora de avanzar en la convivencia de Euskal Herria.

Los pasos que se han dado pueden ser pequeños o grandes en función de los diferentes puntos de vista, pero teniendo en cuenta que nos acercan a una convivencia digna, los considero válidos.

Tuve el honor de vivir en directo aquella experiencia, y me di cuenta de la importancia de la participación de personas y entidades que tenían la capacidad de ver más allá de nuestros conflictos internos. Fue muy importante que las personas capaces de ver el bosque por encima de los árboles apoyaran el proceso.

Durante largos meses pude ver y recordar con mucho gusto cómo Brian Currin hablaba sobre todas las puntas del conflicto con sumo cuidado y sensibilidad. Me di cuenta de que comprendía todos los argumentos de unos y otros –imaginad un poliedro de múltiples caras–, pero sin olvidarse del objetivo real.

Desde el principio tuve claro que, para que se dieran pasos hacia delante, la clave sería actuar con empatía. Para poder avanzar, tiene un valor fundamental ponernos en la piel del otro, y nuestro objetivo tenía que ser priorizar acuerdos intermedios, por encima de las peticiones y los objetivos de cada uno –aunque fueran completamente lícitos–.

De esa manera viví los precedentes de la Conferencia de Aiete, la propia Conferencia y muchos de los pasos que se dieron después.

Observaba con asombro cómo los intereses particulares se anteponían a decisiones que yo consideraba lógicas, pero, al mismo tiempo, también vi y aprendí que cada vez que se cierra un camino aparece uno nuevo.

Viví esos momentos con mucha pasión, pues veía que eran el comienzo de una nueva etapa que Euskal Herria necesitaba. Y también los viví con optimismo, porque, a pesar de existir numerosos problemas, veía que la sociedad vasca tenía la voluntad de seguir adelante.

La propia Conferencia de Aiete fue un hito importante, sin duda. En la historia de Euskal Herria pocas veces hemos podido ver una representación internacional como la que participó en la conferencia –sin olvidarnos de la Declaración de Arnaga–, y allí pudimos constatar que la apuesta por la paz no tenía vuelta atrás.

Es de agradecer y siempre agradeceré a aquellos representantes internacionales –y también a los que trabajaron en un segundo plano de una manera más humilde– el compromiso adquirido y el trabajo realizado para lograr la paz en Euskal Herria, pero mi más sincero agradecimiento está dirigido a todo el pueblo de Euskal Herria que ha demostrado todos estos años tener voluntad, flexibilidad y, al mismo tiempo, firmeza para dar pasos adelante. Independientemente de que la participación en el proceso fuera más reducido o más amplio, hemos sido capaces de demostrar que es posible lo que durante décadas parecía imposible, y también hemos demostrado que somos capaces de dar pasos para lograr esa convivencia digna que he mencionado al principio.

Diez años después, nadie puede negar que estamos mejor. Hoy en día, a pesar de tener muchos problemas en Euskal Herria, no podemos negar que la Conferencia de Aiete fue un punto de partida para un nuevo escenario, el cual rompió las ataduras de hace décadas, otorgó la oportunidad de cambiar el status quo y sirvió para crear esperanza por encima del miedo a lo desconocido.

Así lo viví entonces, y así lo vivo ahora también.