Diez años… Y todavía esto

Rebeka Ubera

Hemos llegado al décimo aniversario, al décimo aniversario de la celebración de la Conferencia Internacional de Paz de Aiete. Años que han pasado a toda velocidad, para la mayoría. Pero 10 años que han sido y están siendo tan largos y duros como siglos, para otras tantas personas, como consecuencia de no haberse alcanzado la paz. Una década sin que se haya cumplido en su integridad la Declaración de Aiete.


Diez años más tarde … Es fácil de decirlo, no tan fácil de sufrirlo …. Todavía tenemos presos políticos vascos. Incomprensible. Doloroso. Presos políticos vascos que se adhirieron al Acuerdo de Gernika -uno de los precedentes de Aiete-, haciendo una aportación unilateral a la paz vasca, haciendo de la paz vasca singular y única en el mundo, en tanto que abría una vía sin contrapartidas y unilateral.


Nadie esperaba que fuera fácil: una y otra vez, entre infinidad de conversiones en aquellos tiempos; incluso entre las paredes de Aiete, que guardan tantos y tantos secretos; con el diálogo como lema que se convirtió en testigo de casi la mayoría de las conversaciones. Pero no faltaban resquicios para la esperanza, ni buenas intenciones.


Ante la fascinación de los ilustres asistentes, sobre todo de ilustres hombres (como muestra de los tiempos que corrían entonces), era evidente que una iniciativa de ese calado contaba con el beneplácito del Estado español y de la comunidad internacional, para poder llevarse a cabo; y eso,  a pesar de que el entonces presidente de la CAV se encontraba fuera de Euskal Herria.  Al menos, había un compromiso por parte del Reino de España de no obstaculizar, aunque, como se ha visto más tarde, “la valentía, la voluntad para asumir riesgos y compromisos profundos, la generosidad y el sentido de Estado» exigidos por la declaración de Aiete hayan quedado un poco en la estacada, en la impotencia .. Y esto porque ha quedado atascada por el odio y la inercia y la dependencia al pasado, sin poner fin al pasado, sin poder saltar al futuro, sin alcanzar la «paz» en su totalidad y abriendo, por tanto, el camino al sufrimiento. Y me atreveré a decirlo:  también por miedo a perder «poderes» particulares y partidistas que el futuro podría poner en peligro. Porque el relato que se ha construido durante años no es gratuito, ni han estado tampoco al alcance de Aiete y del instinto de paz. El miedo se le ha impuesto a la audacia, el egoísmo a la generosidad y el pasado al futuro.


En el País Vasco, afortunadamente, hemos tenido y tendremos la oportunidad de ver, conocer a muchos personas valientes, generosas, fructíferas. Siempre dispuestos a dar lo mejor de sí mismos en favor de una sociedad más justa y mejor, a pesar de todas las dificultades y todos los quebraderos de cabeza, donde sean respetados los derechos de todos los ciudadanos y ciudadanas. Cada uno y cada una en la medida de sus posibilidades, desde su propia posición; a veces acertando, otras veces equivocándose, pero siempre haciendo un esfuerzo para hacer su aportación.  Es lo que ha caracterizado a este proceso de paz fuera de lo común de Euskal Herria: tantos y tantos ciudadanos y ciudadanas, asociaciones, partidos políticos, en constante esfuerzo, fuera de las luces y focos de Aiete. Permítaseme hacer llegar a través de estas líneas, a todos y todas, un agradecimiento sentido y cálido que nunca será suficiente. Y al mismo tiempo, el ruego de que sigan trabajando y haciendo aportaciones.

Ya me lo dijo Patxi Zabaleta, antes de acercarse a Aiete en representación de la formación política Aralar: Rebeka, agradece todo lo hecho hasta ahora, pero, sobre todo, agradece toda la ayuda que nos van a dar a partir de ahora.