Se hace camino al andar

Miguel Izu

El 17 de octubre de 2011 asistí, en nombre de Izquierda-Ezkerra, a la conferencia del palacio de Aiete. Queríamos aportar nuestro modesto granito de arena en la tarea de poner fin a la violencia política que nos había azotado durante tantos años. Yo era uno de tantos ciudadanos, sin memoria personal de un tiempo sin terrorismo, que ansiaba vivir en una sociedad en paz y reconciliada. Leí las siguientes líneas que, por su brevedad, me permito reproducir aquí:

«Arratsalde on denori eta eskerrik asko antolatzaile guztiei gonbidapena egiteagatik.

Desde la coalición Izquierda-Ezkerra como paso imprescindible para la paz exigimos a ETA, y creemos que esta conferencia debe también exigir, el abandono unilateral, definitivo e incondicional de la violencia terrorista, sin precio político y con el compromiso de no volver a practicarla.

Solo esa decisión puede dar lugar a la superación de las consecuencias de la violencia, a la normalización política y a la reconciliación social que pasa por el reconocimiento de los daños causados y de los derechos humanos vulnerados y por la reparación a todas las víctimas.

Solo de esta manera se podrá superar el déficit democrático que hemos sufrido y será posible que todas las alternativas y programas políticos puedan defenderse libremente, y que sea únicamente la voluntad de la ciudadanía la que tome las decisiones necesarias para convivir en una sociedad que es plural, con distintas identidades, con distintas maneras de entender la identidad. Decisiones que están abiertas, todo cabe ser debatido y cuestionado, incluyendo qué hay detrás de expresiones como País Vasco, Euskal Herria, España, pueblo, nación, soberanía, autodeterminación.

Y a este respecto, desde una coalición que tiene como espacio de actuación el de la Comunidad Foral de Navarra, queremos hacer constar que Navarra es un ámbito propio de decisión, que el futuro de Navarra solo lo pueden decidir los ciudadanos y ciudadanas de Navarra.

Gracias, eskerrik asko».

Aquel acto resultó útil, en pocos días ETA declaró el cese definitivo «de su actividad armada» e impulsó un proceso que culminó, siete años después, con su disolución. Fue una victoria de toda la sociedad, de las instituciones, de las fuerzas políticas y de muchas personas que, de un modo u otro, habían venido trabajando por que la violencia terrorista quedara atrás.

Escribí entonces que aquello era un punto y seguido y que quedaba mucho trabajo para, sin olvidar, superar las consecuencias de una violencia que había envilecido nuestra convivencia. Desde entonces se han seguido dando muchos otros pasos en la dirección correcta, también alguno desandando el camino, pero se trata de una tarea que probablemente ocupe a varias generaciones.

En la película La pelota vasca, la piel contra la piedra (Julio Medem, 2003) Bernardo Atxaga decía que algún día la gente andaría como levitando levemente por el peso que nos quitaríamos de encima. Todavía no hemos llegado a levitar, todavía soportamos demasiado peso. Pero no renunciemos a ello.